Estado revolucionario

Argumentario 27

Ayer Otegi y Junqueras estuvieron juntos en un acto de campaña electoral.

Puño en alto. Enmascarados, por la pandemia. Ambos, condenados por delitos relacionados con la destrucción de la libertad y los derechos más elementales de las personas

Uno excarcelado por la suma de puntos conductuales en la prision y el otro excarcelado porque se llama Oriol y la competencia en materia de prisiones la tienen sus compañeros de gobierno en Cataluña

España vive a gran velocidad dos caminos paralelos. Que están a punto de converger.

La España real del sufrimiento, el abatimiento y la lucha por salir adelante en esta vorágine de Pandemia y sus trágicas consecuencias.

Y la España en plena ebullición revolucionaria.
Esta España, la revolucionaria, hasta hace un tiempo despreciada por la sociedad civilizada y acotada legalmente por las instituciones democráticas.

Hoy la España revolucionaria ha tomado el gobierno desde el parlamento, ha tomado la calle con algaradas, ha tomado los discursos televisados y anda a sus anchas por el país en los parlamentos Nacional y Vasco y en el propio gobierno catalán.

Gracias a la absoluta complacencia de Sánchez y complicidad de Iglesias, la España revolucionaria está a punto de colisionar con la real.

España puede convertirse en poco tiempo en un amasijo irreconocible de democracia y revolución sin líneas claramente definidas.

El Congreso ha vuelto a activar la mesa de diálogo. El propio Congreso inmerso en el macabro juego de deslegitimar la Democracia Parlamentaria y la suprema ley de la convivencia.

Esta mesa coloca al mismo nivel a los españoles que mantienen con serenidad histórica la lucha contra la enfermedad y sus consecuencias económicas y, los que se saltan la ley y atentan contra la libertad de todos

La mesa de diálogo es rendición de la libertad frente a la revolución.

Sánchez sacrifica en el altar de su ambición de poder décadas de libertad y democracia

Junqueras y Otegi, se saben imprescindibles para sostener el gobierno de la nación a la que intentan destruir. Ambos son jefes de organizaciones autoritarias y piramidales, no existe la democracia en ningún ámbito de sus extraordinarias ramificaciones por toda la sociedad vasca y catalana, política, social, económica, académica y mediática.
No permiten la crítica e inculcan el odio al diferente.

Estos personajes pueden llevar a España, con la absoluta anuencia del presidente del gobierno y con el apoyo imprescindible del vicepresidente, a un estado de revolución incompatible con la libertad y con la ley.

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