Fin de la parálisis

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Argumentario 76

Italia comenzó en los años 90 la destrucción del sistema de partidos que le habían proporcionado la estabilidad necesaria para reconstruir el país después de la II Guerra Mundial. 50 años de crecimiento constante la colocaron como referencia de industria avanzada, diseño y fortaleza productiva.

El multipartidismo de estas dos ultimas décadas ha llevado a la pérdida de competitividad, a la desconfianza en las instituciones y a una situación económica de extrema gravedad por la elevada deuda que arrastran las administraciones.

En tiempos de Aznar, reformas, privatizaciones, inversiones extranjeras, exportaciones y salida de nuestras empresas al exterior, fundamentalmente Iberoamérica, España estuvo a punto de superar en PIB a Italia. El país transalpino ya comenzaba a acusar la política espectáculo y nosotros disfrutábamos de gobiernos serios y competentes. La llegada de Zapatero lo impidió.

Precisamente Italia y España son los países que más están acusando la crisis económica subsiguiente a la paralización por la pandemia.

Pero Italia tomó una decisión estratégica en donde es necesario hacerlo como primera providencia. Vuelta a los sentidos común y de estado de los gobernantes. Mario Draghi se convirtió en el presidente del gobierno después de haberlo sido del BCE.

Hoy presentará su Plan de Reconstrucción:

  • Más de 200 mil millones de € para una Italia ‘verde’ y digital. Transición ecológica encaminada a un modelo de economía circular y movilidad sostenible (70.000 millones de euros en inversiones planificadas en gestión de residuos, energías renovables y eficiencia energética en los edificios). Y el impulso decisivo a la innovación digital (50.000 millones), que tendrá su base en la banda ancha y la red 5G. Una apuesta destinada a reparar y superar no solo los daños de la pandemia, sino también las debilidades estructurales crónicas de Italia. El resto de los gastos para impulsar un crecimiento sostenible a largo plazo son en investigación y educación, infraestructuras, inclusión y cohesión, y sanidad.

Pero la apuesta sistémica, esencial y de fortaleza es el plan de reformas estructurales, fundamental para reconstruir el país y poner fin a la parálisis que tiene Italia durante dos décadas sin crecimiento, y por el que Bruselas apoyará las inversiones referidas, acabar con la lentitud de los procesos judiciales, reforma fiscal, reforma laboral para simplificar los contratos, reforma de la administración pública y libre competencia.

O sea fin del lío multipartidista, populista y demagógico. Fin de las soflamas. De nuevo Politicas de seriedad y de rigor

España ha de tomar nota.

El plan de inversiones es muy importante, pero el de reformas es insoslayable. El dinero de Europa sin reformas puede ser una losa convertida en una deuda asfixiante. El dinero de Europa con reformas es el camino a la competitividad, la prosperidad y el bienestar.

Solo faltaría un gobierno de verdad.

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